Concours de nouvelles 2010 - Nouvelles lauréates - Catégorie espagnol

Publié le par festivalamericajeunesse

Se encuentra de todo en la ciudad


Esta ciudad hace soñar a toda la gente en el Mundo.

El frío de invierno, el cielo gris, los árboles desnudos, las decoraciones de Navidad, los vendedores ambulantes, los niños haciendo muñecos de nieve, los adultos ansiosos por hacer las compras de Navidad… nada más lindo. Se encuentra de todo en esta ciudad. Niños, adultos, jóvenes, viejos, franceses, extraños, ricos, pobres.

Entre todas estas personas había una mujer muy elegante. Era una abogada que vivía en Barcelona, pero estaba en París por dos meses por razones profesionales. Se llamaba Carolina. Ella había dejado a su marido y a sus hijos en España, pero se sentía bien en Francia, lejos de sus problemas. Rellenaba la falta de su familia con las numerosas diferentes personas de la ciudad. Cuando iba trabajar o a pasear, le gustaba examinar los rostros de las personas que encontraba. Había observado que todo era muy diferente aquí.

Las personas eran menos calurosas que en su país, y no le gustaban mucho los extraños. Eran un poco egoístas.

Pero, un día, un hombre había detenido su atención. Su rostro parecía cansado. Tenía la frente surcada de arrugas, sus labios eran tan finos que se veían apenas, su nariz era bien destacada, su pelo estaba desgreñado, y sus ojos… sus ojos eran centelleantes. Eran las únicas cosas de su rostro que no mostraban el pasar del tiempo, sino la esperanza y el ánimo de este hombre. Lo había visto por primera vez en el Jardín del Luxemburgo. Era allí donde ella pasaba la mayor parte de su tiempo libre, leyendo clásicos de la literatura francesa. Ese jardín era tranquilo, lejos del ruido de la ciudad, lejos de los problemas… Era su paraíso. Desde el día en que vio al hombre, le gustaba cada vez más ir allí, pero tenía el sentimiento de ser seguida por él. Este sentimiento le daba miedo.

Un día, el miedo le dio fuerzas para hablar al hombre. Él estaba durmiendo en un banco. Ella se acercó lentamente para no sorprenderle. Le sacudió y él abrió los ojos.
“ Discúlpeme, ¿Podría hablar con usted? No es la primera vez que nos encontramos.
- Verdad. Me di cuenta. ”

Hablaron durante dos horas. El hombre se confió. Se llamaba Jean. Dijo que le gustaba ir a les “Halles” para descubrir gente, a los Campos Elíseos para volver a la infancia y hacerse soñar, al lado de la “Seine” para quedarse un poco sólo y al “Champs de Mars” para quedarse cerca del amor, viendo a los enamorados.

Volvieron a verse, hablaron mucho, él le hacía visitar París, hacían paseos por la “Seine”, celebraron las fiestas de Navidad juntos en el restaurante, ella le ofreció un reloj y él le cogió una rosa… el tiempo pasaba y los sentimientos se desarrollaban. Estaban enamorados. Ella se olvidaba completamente de su familia. No contestaba al móvil, no daba noticias.
Un día por la mañana, yendo al trabajo, Carolina sorprendió a Jean que estaba durmiendo en el suelo en esta famosa avenida llamada Montmartre. Se acercó, le sacudió y le preguntó lo que estaba haciendo en el suelo. Jean se levantó rápidamente, miró a Carolina en los ojos y le dijo que tenía que decirle una cosa. Unos minutos después, el hombre le había revelado su secreto: era un vagabundo. Carolina se levantó de repente y  siguió su camino sin decir una palabra. Era la última vez que Jean veía a Carolina.

Ella no había aceptado su diferencia con Jean y prefirió huir.

Dos semanas más tarde, Carolina se enteró de la muerte de su familia en un accidente de carretera. Ellos estaban camino a Francia para verla, y al llegar a París, un vagabundo que estaba en bicicleta, provocó una carambola.

Carolina descubrió que el vagabundo se llamaba Jean… Se encontraba ante la realidad.

Ahora, está sola como Jean lo estaba…

 

Héléna Pereira et Khawla Sabone - B1 - Lycée Montalembert -

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